lunes, 26 de noviembre de 2012

El problema económico del masoquismo


Resumen del ensayo “El problema económico del masoquismo” de S. Freud Tomo XIX




Desde la introducción al ensayo, James Strachey nos adelanta que Freud ya había abordado el tema, aunque siempre en forma más bien provisional, en sus Tres Ensayos de teoría sexual en 1905, en Pulsiones y Destinos de Pulsión, y con mucho mayor amplitud en Pegan a un niño. En todos los artículos mencionados el masoquismo deriva de un sadismo anterior, no reconociéndose nada semejante a un masoquismo primario. Sin embargo en más allá del principio del placer, tras la introducción de la pulsión de muerte, se nos dice que “podría haber también un masoquismo primario”, y en la obra de “El problema económico del masoquismo” su existencia se da por cierta. Explicándola sobre la base de la mezcla de pulsiones. Freud  muestra que ese masoquismo primario o erógeno tiene dos formas derivadas: una de ellas, que denomina femenina, ya la había examinado en su trabajo “Pegan a un niño”; pero la tercera clase de masoquismo, el masoquismo moral, le permite explayarse sobre los muchos puntos que había tocado apenas rozados en el Ellos y el Yo. Y plantear nuevos problemas en relación con los sentimientos de culpa y la actividad de la conciencia moral.


Ya en el ensayo, Freud empieza diciendo que el  masoquismo es incomprensible si el principio de placer gobierna los procesos anímicos de  modo tal que su meta inmediata sea la evitación de displacer y la ganancia de placer. Y nos recuerda entonces que se ha concebido al principio que gobierna todos los procesos anímicos  como un caso especial de la tendencia a la estabilidad . Entonces, placer y displacer no pueden ser referidos al aumento o la disminución de una  cantidad, que llamamos «tensión de estímulo», si bien es evidente que tienen mucho que  ver con este factor.  Define entonces los tres principios y su relación:  el principio de Nirvana expresa la tendencia de la pulsión de muerte; el   principio de placer que subroga la exigencia de la libido, y su modificación; el principio de  realidad que es el contacto con mundo exterior.

Vuelve al masoquismo y dice que se ofrece a nuestra observación en tres figuras:
1.      Como una  condición a la que se sujeta la excitación sexual
2.      Como una expresión de la naturaleza  femenina
3.      Como una norma de la conducta en la vida (behaviour).

De acuerdo con ello, es  posible distinguir un masoquismo erógeno, uno femenino y uno moral. El primero, el  masoquismo erógeno, el placer (gusto} de recibir dolor, se encuentra también en el  fundamento de las otras dos formas: han de atribuírsele bases biológicas y  constitucionales[i], y permanece incomprensible sí uno no se decide a adoptar ciertos  supuestos acerca de constelaciones que son totalmente oscuras. La tercera forma de  manifestación del masoquismo, en cierto sentido la más importante, sólo recientemente ha sido apreciada por el psicoanálisis como un sentimiento de culpa, las más de las veces  inconsciente. Las escenificaciones reales de los  perversos masoquistas responden punto por punto a esas fantasías, ya sean ejecutadas  como un fin en sí mismas o sirvan para producir la potencia e iniciar el acto sexual. En  ambos casos -ya que aquellas no son sino la realización escénica de las  fantasías- el contenido manifiesto es el mismo: ser amordazado, atado, golpeado  dolorosamente, azotado, maltratado de cualquier modo, sometido a obediencia  incondicional, ensuciado, denigrado. La  interpretación más inmediata y fácil de obtener es que el masoquista quiere ser tratado como un niño pequeño, desvalido y dependiente, pero, en particular, como un niño díscolo. (Díscolo: desobediente que no se comporta con docilidad.(RAE)) [Lo cual se puede ver claramente si uno entra a las páginas de sadomasoquismo sexual en la internet.].  Es fácil descubrir que ponen a la persona en una situación característica de la  feminidad, vale decir, significan ser castrado, ser poseído sexualmente o parir. Por eso he  dado a esta forma de manifestación del masoquismo el nombre de «femenina», en cierto  modo a potiori [sobre la base de sus ejemplos extremos], aunque muchísimos de sus  elementos apuntan a la vida infantil.  En el contenido manifiesto de las fantasías  masoquistas se expresa también un sentimiento de culpa cuando se supone que la persona  afectada ha infringido algo (se lo deja indeterminado) que debe expiarse mediante todos  esos procedimientos dolorosos y martirizadores.


Por otra parte, Freud dice que en el ser vivo (pluricelular), la libido se enfrenta con la pulsión de   destrucción o de muerte; esta, que impera dentro de él, querría desagregarlo y llevar a  cada uno de los organismos elementales a la condición de la estabilidad inorgánica  (aunque tal estabilidad sólo pueda ser relativa).   Recibe entonces el nombre de pulsión de destrucción, pulsión  de apoderamiento, voluntad de poder. Un sector de esta pulsión es puesto directamente al  servicio de la función sexual, donde tiene a su cargo una importante operación. Es el  sadismo propiamente dicho.  Entonces, si se consiente alguna imprecisión, puede decirse que la pulsión de muerte actuante en el  interior del organismo -el sadismo primordial- es idéntica al masoquismo. Después que su  parte principal fue trasladada afuera, sobre los objetos, en el interior permanece, como su  residuo, el genuino masoquismo erógeno, que por una parte ha devenido un componente  de la libido, pero por la otra sigue teniendo como objeto al ser propio.  Dice que esto esta altamente relacionado con                                                                                       el deseo  de ser golpeado por el padre, de la fase sádico-anal, que sigue a aquella; la castración, si  bien desmentida más tarde, interviene en el contenido de las fantasías masoquistas como  sedimento del estadio fálico de organización; y, desde luego, las situaciones de ser  poseído sexualmente y de parir, características de la feminidad, derivan de la organización  genital definitiva. También resulta fácil comprender el papel que las nalgas desempeñan en  el masoquismo, prescindiendo de su obvio fundamento real. Las nalgas son  la parte del cuerpo preferida erógenamente en la fase sádico-anal, como lo son las mamas  en la fase oral, y el pene en la genital.  

La tercera forma del masoquismo, el masoquismo moral, es notable sobre todo por  haber aflojado su vínculo con lo que conocemos como sexualidad. Es que en general todo  padecer masoquista tiene por condición la de partir de la persona amada y ser tolerado por  orden de ella; esta restricción desaparece en el masoquismo moral. El padecer como tal es  lo que importa; no interesa que lo inflija la persona amada o una indiferente; así sea  causado por poderes o circunstancias impersonales, el verdadero masoquista ofrece su  mejilla toda vez que se presenta la oportunidad de recibir una bofetada. Para explicar esta  conducta es muy tentador dejar de lado la libido y limitarse al supuesto de que aquí la  pulsión de destrucción fue vuelta de nuevo hacia adentro y ahora abate su furia sobre el  sí-mismo. La satisfacción de este sentimiento inconsciente de culpa, es quizás el rubro más fuerte de la  ganancia de la enfermedad, compuesta en general por varios de ellos, y el que más  contribuye a la resultante de fuerzas que se revuelve contra la curación y no quiere resignar  la condición de enfermo; el padecer que la neurosis, conlleva es justamente lo que la vuelve  valiosa para la tendencia masoquista.  

Y habla ahora del tratamiento con los pacientes. Dice que                                                                                       en   cierta medida, daremos razón al veto ,o huída, de los pacientes sí renunciamos a la denominación  «sentimiento inconsciente de culpa», por lo demás incorrecta psicológicamente, y en  cambio hablamos de una «necesidad de castigo», que nos permite recubrir de manera  igualmente cabal el estado de cosas observado. Aquí se ha atribuido al superyó la función de la conciencia moral, y reconocido en el   sentimiento de culpa la expresión de una tensión entre el yo y el superyó. El yo reacciona  con sentimientos de culpa (angustia de la conciencia moral) ante la percepción de que  no está a la altura de los reclamos que le dirige su ideal, su superyó. 

La condición de inconsciente del masoquismo moral nos pone sobre una pista interesante.  Podríamos traducir la expresión «sentimiento inconsciente de culpa» por «necesidad de ser  castigado por un poder parental». Ahora bien, sabemos que el deseo de ser golpeado por  el padre, tan frecuente en fantasías, está muy relacionado con otro deseo, el de entrar con  él en una vinculación sexual pasiva (femenina), y no es más que la desfiguración regresiva  de este último.

En el ensayo: “Pegan a un niño” (1919) Freud  investiga las transformaciones de esta fantasía y se interroga acerca del  significado de la misma. Surge entonces la relación entre la fantasía y el masoquismo, el  “niño que está siendo golpeado” no es otro que el paciente mismo o, dicho de otro  modo: donde encontremos masoquismo también se habrá de encontrar la fantasía de que  “un niño está siendo azotado”. La transformación de esta fantasía atraviesa varios  estadios comenzando por: “están pegando a un niño”, hasta culminar en: “soy amado por mi padre porque me está golpeando”.

La conciencia moral y la moral misma nacieron por  la superación, la desexualización, del complejo de Edipo; mediante el masoquismo moral, la  moral es resexualizada, el complejo de Edipo es reanimado, se abre la vía para una  regresión de la moral al complejo de Edipo.  Para provocar el castigo por parte de esta última  subrogación de los progenitores, el masoquista se ve obligado a hacer cosas inapropiadas,  a trabajar en contra de su propio beneficio, destruir las perspectivas que se le abren en el   mundo real y, eventualmente, aniquilar su propia existencia real.  La reversión del sadismo hacía la persona propia ocurre regularmente a raíz de la  sofocación cultural de las pulsiones, en virtud de la cual la persona se abstiene de aplicar  en su vida buena parte de sus componentes pulsionales destructivos. Cabe imaginar que  esta parte relegada de la pulsión de destrucción salga a la luz como un acrecentamiento del   masoquismo en el interior del yo. Empero, los fenómenos de la conciencia moral dejan  colegir que la destrucción que retorna desde el mundo exterior puede ser acogida por el  superyó,  y aumentar su sadismo hacia el yo, aun sin mediar aquella mudanza. El sadismo  del superyó y el masoquismo del yo se complementan uno al otro y se aúnan para provocar  las mismas consecuencias.    Concluye que la peligrosidad del masoquismo moral se debe a que desciende de la pulsión de muerte, corresponde a  aquel sector de ella que se ha sustraído a su vuelta hacia afuera como pulsión de  destrucción. Pero como, por otra parte, tiene el valor psíquico {Bedeutung} de un   componente erótico, ni aun la autodestrucción de la persona puede producirse sin  satisfacción libidinosa. 



[i]           Bases biológicas del masoquismo:

            La investigación científica ha revelado que podría existir un tipo particular de masoquistas por razones exclusivamente fisiológicas, debido a un error de transcripción del gen SCN9A, que codifica el canal de ión sodio Nav1.7 utilizado por el organismo para el control del dolor. Estos masoquistas tendrían interés únicamente en la experiencia del dolor (algolagnia), sin los factores psicológicos, aunque se cree que su propio desarrollo personal les conduce a distintas manifestaciones del sadomasoquismo.

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